Un pastizal abandonado se convirtió en 15 hectáreas de selva viva, donde monos, ranas venenosas y estudiantes de biología conviven a pocos pasos del centro de la ciudad.
Teresa Shiki silba y el bosque responde. No es casualidad, es un diálogo aprendido con los años. A casi 30 metros, una manada de monos chichicos se desplaza entre las ramas de caobas, cedros, guambulas y pambiles, moviéndose libres sobre el dosel del Parque Etnobotánico Omaere.
Este bosque completamente regenerado crece en plena zona urbana de Puyo, en Pastaza. En apenas 15 hectáreas se han identificado alrededor de 1500 especies vegetales, una cifra inusual para un espacio rodeado por la ciudad. Aquí, lo que parece pequeño en extensión, resulta enorme en diversidad.

De potrero a selva: la historia de Omaere
El nombre Omaere significa «naturaleza de la selva» en idioma waorani. El parque fue fundado en 1993 por Teresa Shiki, mujer shuar, junto a dos ciudadanas francesas, quienes se unieron para crear la Fundación Omaere y adquirir una parcela de aproximadamente 15,6 hectáreas a orillas del río Puyo. Junto a su familia y a un grupo de voluntarios, Teresa impulsó la recuperación de este espacio, hoy convertido en un auténtico bosque secundario.
En una entrevista, Teresa recuerda cómo empezó todo:
«En el año 1993 todo era pasto, no había nada, ningún árbol. Entonces nosotros tuvimos que colectar especies del bosque primario para poder repoblar las especies».
Ese trabajo sostenido de regeneración convirtió a Omaere en el segundo parque etnobotánico y le permitió formar parte del Botanic Gardens Conservation International (BGCI), una red mundial que articula esfuerzos entre jardines botánicos para salvaguardar la flora del planeta. Hoy, además, ocupa el primer lugar entre los atractivos turísticos de Puyo en plataformas como TripAdvisor.
Un laboratorio vivo para la nueva ciencia amazónica
Lo que hace único a Omaere no es solo su riqueza natural, sino su papel como espacio académico. El parque abre sus puertas a estudiantes de la Universidad Estatal Amazónica (UEA), quienes encuentran aquí un escenario ideal para realizar sus pasantías y proyectos de investigación en ciencias ambientales, ecología y biología.
Caminar por sus senderos es, literalmente, recorrer un laboratorio a cielo abierto: cientos de especies de plantas medicinales, alimenticias y utilitarias conviven en un entorno de bosque húmedo premontano, mientras guías nativos —muchos de ellos ligados a las culturas shuar y waorani— comparten el conocimiento ancestral sobre cómo estos pueblos se relacionan con la selva.
Para los futuros profesionales de la Amazonía, Omaere representa la posibilidad de estudiar biodiversidad, etnobotánica y conservación sin salir de Puyo, aportando además a la documentación científica y a la preservación de saberes que se transmiten de generación en generación.

La educación ambiental es uno de sus principios centrales, y aquí los saberes shuar convergen con la ciencia. Las plantas están etiquetadas para facilitar su identificación, pero también hay otras más pequeñas y, muchas veces, ignoradas, como los musgos. Aunque representan apenas el 3% de las especies vegetales del mundo, en Omaere han encontrado un espacio para su estudio: estudiantes de biología los investigan y los retratan en guías ilustradas a la acuarela, una forma de traducir la ciencia en imágenes. Así ocurre con el musgo del género Sphagnopsida, uno de los más abundantes del parque, que tras pasar por el microscopio terminó plasmado en papel.
Otras plantas, como las heliconias, también concentran la atención, pues alcanzan hasta dos metros de alto y muestran flores de colores intensos. En el parque crecen además especies que sirven para tratar dolencias, como la sangre de drago, el wituk y la leche de sandí.
La investigación no se detiene ahí. Jóvenes que integran el Club de Biodiversidad Amazónico realizan salidas de campo dentro del parque y han logrado el registro de 143 tipos de reptiles y anfibios, entre ellos la ranita venenosa de Sarayaku, observada únicamente en zonas con muy poca intervención humana.
Así, este oasis en medio de la ciudad también siembra conocimiento, forma nuevas generaciones de investigadores y mantiene vivas especies clave de la Amazonía.

¿Qué encontrarás en tu visita?
- 🌿 Senderos naturales entre plantas medicinales, alimenticias y ceremoniales.
- 🏠 Viviendas típicas shuar y waorani, donde se explican costumbres, herramientas y formas de vida.
- 🗣️ Guianza especializada, con relatos y anécdotas de primera mano sobre la selva y sus culturas.
- 🦜 Observación de flora y fauna, ideal para quienes disfrutan la fotografía de naturaleza.
- 🎨 Espacio para pintura con achiote y otras expresiones culturales vivas.
- 🧺 Tienda de artesanías, elaboradas por las propias comunidades.
El recorrido guiado suele durar alrededor de 1,5 horas y es una actividad recomendada tanto para turistas como para estudiantes, investigadores y amantes de la naturaleza.
Cómo llegar
Omaere se ubica en el Barrio Obrero de Puyo, siguiendo el Paseo Turístico del Río Puyo. Para llegar, toma la dirección hacia Tena y, antes de salir de la ciudad, gira en la Gasolinera Coca hacia la calle Cotopaxi hasta llegar al Malecón Boayaku Puyo. Desde ahí, cruza el puente colgante peatonal y camina unos 300 metros más hasta la entrada del parque, justo antes del segundo puente colgante.
📍 Ubicación: Barrio Obrero, Paseo Turístico del Río Puyo, Puyo – Pastaza 🕘 Horario: martes a domingo, de 9:00 a 17:00 (cerrado los lunes)

Por qué visitar Omaere
Visitar el Parque Etnobotánico Omaere es una experiencia que combina turismo consciente, educación ambiental y respeto por las culturas amazónicas. Es un lugar donde la ciencia y la tradición caminan juntas, y donde cada visita contribuye a sostener un proyecto que, desde hace más de 30 años, protege la biodiversidad y el conocimiento ancestral de la Amazonía ecuatoriana.
Si visitas Puyo, este es un imperdible: no solo para disfrutar de la naturaleza, sino para entender por qué la Amazonía sigue siendo una de las mayores fuentes de conocimiento científico y cultural del planeta.